Siempre escucho a gente que dice que no necesita ir a terapia, que se las arreglan bien solos y los respeto totalmente.
Otros como yo, por ej., encontramos en la terapia una mano que nos ayuda a entender cosas que, tal vez, solos no podemos y a desenmarañar madejas bastante grossas.
Confieso que la terapia me ha ayudado mucho durante mi adolescencia y mi adultez.
Claro que, por razones varias, muchas veces me autoboicoteaba la misma aduciendo por ej.; "Hoy no tengo ganas. Queda lejos. No sé de qué hablar hoy, etc, etc."Y un día se me ocurrió la brillante idea de buscar una psicóloga que atendiera cerca de casa para no autoboicotearme más, por lo menos con éso de que quedaba lejos.
Y sep, la encontré tan cerca, tan cerca que atendía a la vuelta de casa.
Pedí cita con ella y la primera vez que nos vimos me cayó bien, pa qué negarlo.
Es bajita, muy bajita. Y con una onda parecida a la mía, así, medio hippona. Agradable en el trato, me inspiró confianza y decidí seguir yendo.
En ése momento yo laburaba en un Sindicato y estaba a cargo de la caja del mismo.
Resumiendo: una tarde, cuando hice el arqueo me faltaron $ 400.-
En la oficina sólo habíamos estado una compañera que tenía su escritorio detrás del mío y yo, nadie más. Aparte era pleno verano y estaban todos de vacaciones.
Recuerdo que ésa misma tarde, tuve que salir corriendo al baño y olvidé las llaves de la caja puestas en la misma, cosa que jamás hacía, pero bueno, en la urgencia se me pasó ése detalle importantísimo.
Y entonces llevé el tema a terapia, pues tenía sesión al día siguiente.
Yo estaba angustiadísima porque tenía que reponer la plata, no tenía pruebas de que hubiera sido mi compañera, pero quién más? Nadie había entrado o salido en ése interín.
Me negaba a creer que alguien pudiera hacerme éso. Alguien que se decía mi amiga, que me hablaba de sus hijos, de sus problemas....no entendía nada y me debatía entre el enojo, la desilusión y la angustia.
Tons, mi terapeuta, a quien llamaré "Veneno en Frasco Chico", me dijo muy suelta de cuerpo:
- Bueno, ya que vas a tener que reponer la plata por falta de pruebas, hacéle vos lo mismo a ella.
- Qué??? - le contesté- Vos querés decir que le robe dinero?
- Claro! - me dijo- Tenés que hacerte amiga de tu agresión, de ésa violencia que llevás escondida y no sacás cuando te hacen algo malo. Cuando ella vaya al baño, metéle la mano en la cartera y sacále plata.
- No, no, no, no entendés - le contesté - Va contra mis principios y yo no soy así. Si ella fue tan cabrona de sacarme plata de la caja, yo no puedo hacerle lo mismo. Va contra mis valores, mis ideas. Es más, no podría ni dormir.
- Bueno, si no podés hacerle éso, entonces hacéle otra cosa. Por ejemplo, derramále café sobre algún papel importante, sobre la ropa, no sé, hay mil opciones- sugirió como si hablara de la cosa más natural del mundo.
Y ahí me dí cuenta que por más simpática que me fue en un principio, por más onda que le hubiese visto, había caído en manos de una profesional que no sabía escuchar y mucho menos llevarme de la mano para que yo encontrara una salida a mis mambos. Ella me decía qué tenía que hacer y ése no es el objetivo de una terapia. Todo lo contrario. Y devolver ojo por ojo no era la manera de "amigarme con mi violencia contenida". Hubiera sido convertirme en algo que yo no era ni soy ni jamás seré. El tema fue que "Veneno en Frasco Chico" no me escuchó nunca, ahora que lo pienso mejor....
Y ésa fue la última vez que la ví en sesión. Me borré de una.
No llamé para darle explicaciones ni nada. La verdad, me aterraba pensar qué mambo tendría en su cabezota como para decirme ésas cosas.
Luego encontré otro profesional: un analista ESPECTACULAR, digno de sacarse el sombrero ante su manera de llevar las sesiones. En fin, una delicia para mi psiquis.
A Veneno la encontré hará un año en un súper. Nos saludamos como si nada. No me preguntó porqué no fui más ni yo le expliqué nada.
Cuando la ví alejarse pensé: "Ojalá que su marido nunca le sea infiel y si lo llega a ser que Veneno nunca lo descubra. Porque como ella deber estar amigadísima con su agresión interna, de una que se convierte en la Lorena Bobbit mendocina"
Es de temer la petisa, es de temer...
HE DICHO.